Después
de perder la final del 2010 ante el Inter de Milán, y la del 2012 ante el
Chelsea -en su estadio y en los penaltis-, el Bayern tenía la oportunidad de
redimirse, de conquistar la quinta orejona, y así lo hizo. Lo confirmó ante
otro equipo alemán, que como él, también hizo méritos para llevarse el partido.
Wembley hizo justicia futbolística a un equipo que estaba disputando su cuarta
final en tres años. Además Robben rompió sus maleficios en las finales, y
conquistaba por fin un título grande que llevaba tanto tiempo resistiéndose.
Los
primeros 25 minutos fueron un espectáculo táctico de Klopp. Su planteamiento
destrozó completamente los planes de Heynckes. Al mando del alemán Reus, ese
rubio que dirige al conjunto bávaro a su placer, el equipo jugó, por ambas bandas
y el centro, como así lo había ordenado Jürgen. El planteamiento era efectivo,
presionar y provocar un cortocircuito en el centro del campo muniqués.
Daba
igual por donde llegara el balón. Siempre terminaba en córner tras parada de un
descomunal Neuer. Lewandoswski tenía las oportunidades, siempre tras rebasar a
Dante, lo hacía cuando quería y cómo quería. La ocasión más importante llegó
tras disparo de Blaszczykowski, pero de nuevo apareció Neuer. Además, Ribéry no
encontraba su juego, con Piszczek cortando todo lo que llegaba por banda derecha.
La
dirección del partido cambió a raíz de los dos saques de esquina rematados por
Javi Martínez, el primero, y Mandzukic, el segundo. El centro del campo del
Bayern comenzaba a funcionar. Schweinsteiger y Javi Martínez marcaban la pausa
cuando el juego lo pedía y daban esa rapidez cuando lo necesitaba, superaban en
el centro del campo al magistral Gündogan. Ahí apareció Robben, con dos mano a
mano errados. Los fantasmas de años anteriores aparecían en la mente del
extremo holandés, su maldición parecía no terminar. Una vez fue Casillas, otra
Cech, y ahora un colosal Weidenfeller. Con esto se llegaba al final de la
primera parte, en la que ambos porteros habían estado espléndidos. Tantas
ocasiones para seguir con el 0-0 en el marcador.
La
segunda parte fue un espectáculo futbolístico. Ambos equipos jugaban como lo
pedía una verdadera final de Champions, en un templo como es Wembley.
Las
oportunidades se daban en ambas áreas, el partido se convirtió en un ida y
vuelta de ambos equipos, pero fue en el minuto 60 cuando Ribéry dio un pase a
Robben, el cual asistió a Mandzukic para que éste abriera el marcador, tan solo
tuvo que empujarla. Era el tercer gol del croata en esta edición y el que abría
la final.
El
Borussia intentó reaccionar en un partido que no se merecían perder hasta el
momento, y en el minuto 68, Dante cometió un penalti de esos que pueden costar
un título. Reus controló el balón en el área y el defensa brasileño dio una
patada infantil en su cadera, perdonándole el árbitro italiano la segunda
amarilla. Gündogan aprovechó el error y puso el empate en el marcador.
De
nuevo se igualaba la final, de nuevo tocaba empezar. Llegó la oportunidad de
Müller, pero Subotic sacó el balón bajo palos, tras rebasar el mediapunta muniqués a Weidenfeller.
Pero
la historia tenía un hito reservado. Ribéry controló un balón llegado desde el
mismo cielo para inmediatamente dar una asistencia en forma de taconazo y dejar
a Robben en un mano a mano, pero esta vez con distinto final. Arjen pensó, y
con tranquilidad finalizó, entrando el balón con delicadez hasta tocar la red.
Minuto 88 de partido y el extremo holandés decidía la final. Rápidamente corrió
hacia la banda cual loco, como alma que lleva el diablo. Se alejaban todos los
males, fuera todas las maldiciones posibles, con solo rozar el balón se deshacía
de los malos augurios.
Los
“Borusser” se quedaron sin aliento, petrificados. En ese momento supieron que
era momento de conformarse con lo ya acontecido y solamente festejar y agradecer
la temporada que sus jugadores le habían brindado.
El
árbitro italiano Rizzoli señaló el final del partido, y el equipo bávaro
explotó de júbilo. Heynckes y su plantilla celebraban el tan ansiado título, mientras
el conjunto de Klopp, con él a la cabeza, aplaudía a su afición y daba las
gracias por el apoyo.
@Angel_Mateo8


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